Cuestionar el Amor

Si es recomendable cuestionarnos las creencias sobre las que fundamentamos nuestra vida, ¿por qué nos cuesta tanto cuestionar entre ellas el amor que damos y recibimos?

Dentro de los diferentes tipos de amor existen muchos niveles, desde el más incondicional al más egoísta, pero nos quedamos en la generalidad polarizando (me quieren/no me quieren) sin entrar a valorar los matices que hay de un extremo al otro ni lo que ha hecho que lo sintamos así. El miedo a descubrir la carencia, a sentir el dolor y la soledad que podemos intuir en nuestro interior, nos echa para atrás. Un poquito cobardes, sí somos, la verdad.

Lo aprendemos desde pequeños. A los niños no se les permite cuestionar el amor de ningún miembro de su familia, mucho menos de sus padres, es como un pecado mortal que tan siquiera pensarlo acarrea vergüenza y culpa. Si querías sobrevivir no podías dudar. Pero…., si nadie me permite cuestionar la cantidad o la calidad del amor que mis padres me dieron, ¿por qué entonces yo me he sentido rechazado, abandonado, poco importante, no querido……? Está “normalizado” que de pequeños se nos corrija constantemente y se nos felicite poco, porque (de nuevo) se supone que hacerlo bien es nuestra obligación. Está normalizado que se afeen los errores dentro de la familia o en púbico en el colegio, que se nos repita que hay que estar encima de nosotros porque somos un desastre, muy raritos, payasos, torpes, malos, desobedientes, feítos, gorditos, gigantes, canijos ….., etiquetas y juicios negativos unos tras otros, víctimas de sentencias como la de “así no te va a querer nadie”, o desprecios y retiradas de amor con la mirada por no satisfacer sus expectativas … Tu Niño Interior

Ahora, vosotros siendo adultos…, ¿consentiríais que otro adulto os tratara así?; ¿No os apartaríais de una tortura semejante?; ¿Sería coherente obligaros a querer a alguien que se comporta así? Solo las personas con muy baja autoestima permiten que otro adulto les grite, avergüence, humille o juzgue de forma continuada, y lo llamamos maltrato psicológico. Pero cuando ocurre de adultos a niños, de padres a hijos, ¿por qué lo aceptamos como “educación” y no se nos ocurre llamarlo también maltrato psicológico? ¿Qué se supone que pasa durante la infancia, que por ser un niño eres tonto y no tienes sentimientos ni derecho a la dignidad? Según lo visto, también se debe suponer que durante el crecimiento no existe la memoria emocional, claro.

Ante todas estas contradicciones con el pensamiento incuestionable de que el amor de tus padres es el mayor de todos, la única respuesta lógica para un niño que no se siente valorado y en consecuencia insuficientemente querido, es que “el problema” es él. Por lo tanto a lo largo de su infancia irá aceptando su abandono y/o rechazo, integrando poco a poco la creencia de no merece ser amado como desearía. Y es más, al no haber otra opción excepto la rebeldía, nuestra mente infantil se hace responsable de todo lo que no funciona bien en casa, de la infelicidad de nuestra familia, del conflicto entre nuestros padres, de la enfermedad de mamá, del mal humor de papá….. “Pellizco a pellizco” la culpa se va instalando en nosotros como un campo de minas anti personas, enterradas, donde cualquiera con sus palabras o acciones puede activarlas sin querer.

Creencias negativas de insuficiencia sobre nosotros mismos que dimos por correctas, que acordamos (“Los cuatro acuerdos”. Dr. Miguel Ruiz), que nos acompañan en la vida adulta guardadas en el inconsciente, disimuladas con disfraces para evadirlas o enmascararlas. Estudios, trabajos, parejas que no hemos elegido con verdadera libertad sino en función de lo que se espera de nosotros, guiados por el miedo a la soledad en un continuo intento por ganarnos el amor que no conseguimos.

Pero todo esto cobra sentido cuando por fin adquirimos el valor para “saltarnos las reglas establecidas”, nuestros acuerdos familiares, cuando somos capaces de atrevernos a cuestionar la falta de amor de nuestros padres. Suena fuerte porque atenta contra una fuerte creencia, sin embargo permitirnoslo resulta mágico, duro pero sanador.

Ahora como adultos y padres en muchos casos, si sois honestos, lo vais a entender perfectamente.

Desde la madre que abandona a su hijo recién nacido hasta los padres que dedican su plena atención en hacerlos felices, hay todo un abanico de niveles y formas de rechazo, abandono, engaño y manipulaciones sutiles en el día a día, disfrazadas de amor, difícilmente reconocidas por unos padres. La mayoría lo niegan por ignorancia, por falta de consciencia sobre su incapacidad para amar incondicionalmente, sin embargo el sentimiento de culpa hacia los hijos es muy común también entre los padres. La resistencia de una madre a reconocer la verdad de sus pensamientos, el estado anímico o la forma en la que nos concibió y gestó, sus miedos más profundos, su falta de amor, sus propios sentimientos de abandono y/o rechazo, impiden a ese niño nacido y posterior adulto dar explicación a lo que en el fondo de su corazón siente. Tener que demostrar al mundo en general y a sí mismo, que su nacimiento valió la pena. La tristeza, quizás enmascarada por la rabia o la misma rabia reprimida, boicotean y limitan el desarrollo de nuestro autentico Yo, de nuestros verdaderos potenciales, de una vida plena y satisfactoria. La resistencia a no querer reconocer la verdad en nuestra propia vida hace que muchos padres proyecten su incorrección sobre su hijo, incapaces de enfrentarse a la realidad de su insatisfacción, de su mala relación de pareja, del ambiente que se respira en su entorno. Sin querer reconocer que el problema está en ellos, llevan a sus hijo al médico o al psicólogo como si fuera un perro verde porque no para quieto, no se centra, se hace pis en la cama, no come….
Es muy difícil para un niño descubrir las incoherencias en el amor de unos padres cuando estos se comportan como “supuestamente” entregados y cuasi perfectos porque se preocupan por tu salud, te compran los mejores juguetes, te llevan al mejor colegio…. Es muy difícil para un niño, para nosotros cuando lo fuimos, pensar que no somos culpables cuando ningún adulto a tu alrededor duda de lo que tú dudas, de cuanto realmente te desean, de la calidad afectiva que recibes, si saben o no protegerte, o si te aceptan como eres que es lo que verdaderamente nos importa. Difícilmente unos padres confesarán al especialista la verdad que late en su interior, su incapacidad para amar y sentirse amados, el resentimiento que guardan y las heridas de su corazón, el hastío, los deseos de huida, incluso de abandonarlo todo incluidos su propios hijos.

Esto un hijo, difícilmente lo sabrá nunca.

El corporativismo y la hipocresía funcionan socialmente en este sentido de una forma increíble. Es el gran engaño que subyace a la posterior falta de autoestima adulta, la depresión, la agresividad, los sentimientos de culpa y exclusión, la vergüenza de uno mismo, en general el miedo a la pérdida del amor por la incorrección de nuestros pensamientos y conductas.

Sin embargo nos es fácil entender ahora lo difícil que es dar a un hijo toda la atención que necesita, ser afectuosos con ellos independientemente del problema que tengamos, protegerles convenientemente sin cortarles las alas ni traicionarlos o dejarlos en ridículo. También podemos comprender el rechazo a un embarazo no deseado, el miedo al proceso de gestación, el desamor que una futura madre pueda sentir de su pareja, lo desequilibrante del llanto o la rabieta de un niño, en general todas las limitaciones que una nueva vida puede añadir a las nuestras propias. Entonces, ¿por qué nos cuesta tanto aceptar que esto mismo les pudo pasar a nuestros padres con nosotros? ¿Por qué es impensable cuestionarnos si nos quisieron lo suficiente? …., que pudieron tenernos de forma egoísta para cubrir su miedo a la soledad o a la vejez, a la falta de amor con la pareja, o para simplemente continuar con las reglas sociales ….. ? Nada de esto corresponde con la sana y única intención de DAR LA VIDA a otro, sino más bien con “tomarla” para sus propios deseos conscientes o inconscientes. Por triste que suene, si rascáis un poco haciendo preguntas acerca del por qué te tuvieron, las respuestas tendrán que ver más con ellos que con vosotros.

Reflexiona, no tengas miedo, la verdad es la única medicina. Una vez lo hayas hecho te invito a que vuelvas a reflexionar…. ¿Qué es realmente lo más importante que te dieron independientemente de su intención?….. ¿No es en sí la misma VIDA?….. Y con ella ¿la oportunidad de elegir y ser feliz cuando tú lo decidas?

Entonces….. ¿A QUÉ ESTÁS ESPERANDO?