¿Te has perdonado a ti mismo?

Es difícil que me atreva a hablar de algo que no haya vivido por mí misma o sobre lo que no haya observado suficientemente como para haber encontrado algún patrón. A veces, determinados temas no abordados sobre los que me gustaría hablar, se quedan en la bandeja de borradores a la espera de ser sentidos a un nivel suficiente como para que la confianza en lo que trasmito sea total.

Hablar de Perdón lleva tiempo esperando su momento, diría que desde que inauguré la Web. Hubiera sido una lastima perder la oportunidad para darle el rigor que se merece sin estar absolutamente convencida de haberlo reconocido. Es algo tan sagrado para mí que quizás no me haya decidido hasta estar harta de escuchar la retórica de muchos que lo predican, que lo desgastan quitándole la fuerza que tiene como sanador cuando es autentico. La mayoría de las personas que dicen haber perdonado lo hacen mientras el objeto de perdón está alejado, porque cuando existe el más mínimo roce aunque sea con una palabra, la herida despierta y el resentimiento se dispara. Es fácil decir lo que es necesario hacer, pero ineficaz cuando el mensaje se queda en el plano mental vacío de la emoción que proporciona haberlo sentido en primera persona.

Todo proceso vital requiere de un movimiento de interiorización, si no se produce el proceso completo no hay efecto. Completarlo supone una “apertura” a la luz, donde se necesita que las visagras y el picaporte de la misma “puerta” funcionen para poder abrirla y pasar al otro lado. Esa misma asociación es la que debe darse entre corazón y mente cuando pretendemos traspasar limitaciones. Los absolutismos, darle mayor peso a uno de los lados de la balanza produce desequilibrio, mantenerse sobre un solo pie tiene muchos más riesgos de caída que sobre dos. Lo queramos o no estamos en continuo movimiento, cada día trae consigo una posibilidad más, para avanzar si puedes caminar, o para seguir en el “centrifugado” si no procesas hasta el siguiente nivel. Si en tus intentos solo participa la mente, tendrás mucha teoría y un montón de “tengos que” pero no sentirás ni se manifestarán los cambios en tu vida. Si tu experiencia pasa solo por la emoción, el acto será un impulso puntual, luego se disipará como el humo y de nuevo todo seguirá igual durando lo que puede durar una ilusión.

Solo cuando la mente y el corazón van de la mano trabajando en el lugar que a cada uno le corresponde, la mente entendiendo y el corazón sintiendo, el proceso vital podrá avanzar manteniendose en el tiempo. Si alguno de los dos no logra conectar con el otro en la misma dirección, se producirá un bloqueo mental o emocional según donde esté localizada la carencia que paralizará el proceso iniciado. Todos conocemos ejemplos en personas que van de taller en taller o de profesional en profesional sin que nada cambie, que cuando hablan te dicen lo que hay que hacer pero su vida no se modifica, incluso ven aumentada su ansiedad con una sobre alimentación mental, o por el contrario se convierten en “adictos” emocionales en búsqueda de experiencias sin materializar ningún cambio.

¿Por qué es tan dificil llegar al autentico perdón? Entre otras cosas porque es el Proceso más complejo que existe, en él están comprendidos otros que también son procesos en sí mismos, donde cada uno debe estar completo en sus propias fases. ENTENDER (proceso mental renovado), SOLTAR (proceso emocional contaminado), COMPRENDER (conexión con la emoción positiva), ACEPTAR (sintonía entre corazón y mente), PERDONAR (el corazón permite que la mente olvide).  Como podéis ver, la complejidad que supone llegar al perdón sentido no se resuelve con una palabra o una creencia. El equilibrio entre la razón y el corazón debe ser perfecto, es lo que diferencia por ejemplo la aceptación de la resignación.

Y ahora lo más importante, perdonar a alguien puede ser un objetivo alcanzable si la herida es más o menos superficial, pero ni éstas ni las más profundas podrán desaparecer del todo si el primer trabajo de perdón no lo haces contigo mismo. El mayor re-sentimiento o culpa es con nuestro propio YO, los demás solo nos lo recuerdan.

Perdónate a ti mismo, y  nadie volverá a tener la capacidad de herirte.