Origen de las Enfermedades

Empecemos por diferenciar las emociones de los sentimientos. Las primeras funcionan como las “olas” (subida, cresta, bajada), se desvanecen a corto plazo, pasan. Todas ellas son buenas, necesarias, saludables y valiosas, incluso las más desagradables como la tristeza, la rabia o la frustración. Si no las tuviéramos no podríamos relacionarnos, empatizar con otras personas….. Sin embargo, cuando una misma emoción persiste en el tiempo o se reproduce sistemáticamente sin la presencia del “objeto” que la originó, podemos hablar de sentimiento, en este caso ya sí, positivo o negativo, seamos conscientes o no de ello.

Una emoción incómoda expresada, manifestada, es una emoción resuelta, no deja residuos internos. Por el contrario, aquellas que reprimimos, negamos, disimulamos o pretendemos olvidar con falsos perdones, se acumulan hasta enquistarse (sentimientos negativos), pudiendo llegar a provocar no solo desequilibrios en la personalidad sino también enfermedades tan graves como el cáncer. Es de sentido común, “el agua estancada se pudre”, genera organismos nocivos contaminantes, que crecen y se multiplican desde el interior hasta aflorar a la superficie o cuerpo físico. Pueden incluso no dar la cara en el individuo donde se originaron y pasar a contaminar “la savia del árbol familiar”, manifestándose posteriormente en alguna de sus ramas descendientes, hacia la tercera o cuarta generación. Así lo recibimos y así lo trasmitimos de generación en generación.

Por lo tanto, ya no solo por nuestra propia salud sino también por la de nuestros hijos, nietos y biznietos, tratemos de resolver los sentimientos o re-sentimientos más peligrosos de, culpa, tristeza, rabia, abandono, rechazo, desconfianza, incomprensión, que nos mantienen en constante conflicto con nosotros mismos, en guerra, en contaminación creciente interna. Igual que hacemos con cualquier residuo contaminante, llevémoslo urgentemente “al punto limpio” o terapeuta más cercano, él se encargará de ayudarte a limpiar las zonas afectadas, y con cuidado, constancia y decisión, todo el agua que contiene tu cuerpo recuperará su transparencia, volverá a circular evitando retenciones, como la obesidad, la depresión, el estrés, los dolores, los tumores…..

Repito porque es muy importante, la dirección del daño que podamos causarnos siempre va de dentro a fuera, se inicia en el interior y aumenta hasta que el cuerpo lo manifiesta dándonos las señales visibles. Atendamos a esas señales que empiezan en los sentimientos negativos o emociones desagradables repetidas en el tiempo. Son la “fiebre” que indica la presencia de infección, averigüemos de qué virus o bacteria emocional se trata.

¿Cuántos de vosotros estaría más de una semana trabajando, saliendo con amigos, besando a sus hijos, con 38 de fiebre sin acudir al médico?

No seamos tan ciegos y abramos los ojos no solo a lo tangible sino también y principalmente a lo que se siente. Al toro se le agarra por los cuernos, si dudas y das demasiadas vueltas acaba por pillarte. Actúa.