Por si te sirve

Nada mejor para ilustrar que las propias experiencias. Voy a contaros de forma general algunas de las mías relacionadas con los temas más comunes, teniendo en cuenta que yo pertenezco a esa especie llamada “humana”, vulnerable, frágil, sensitiva, y racional, con el “Programa mental” de los 60 bien instalado y “religiosamente” afianzado. Quiero decir, una españolita de a pie, mortal, plagadita de desajustes, con la única ventaja de querer apasionadamente aprender:

Sobre los padres: Hasta los 4o, ¡¡vaya tela!!, “no quise ver” que mis padres eran seres con las mismas e incluso más carencias que yo, sobre todo de información y educación en los afectos, mucho más “programados” por el Sistema y totalmente inconscientes de ello. Por un lado los había idealizado creyendo que recibir lo que yo necesitaba solo dependía de su intención o de su esfuerzo, lo que llevaba a enfurecerme constantemente cada vez que lo intentaba sin conseguirlo. Pensar que ellos “lo podían todo” hacía que los culpara de llevar años con las mismas carencias tratando de compensarlas con los demás siendo esta la causa de todos mis sufrimientos. Un día me dí cuenta de que no eran “dioses”, ni mucho menos, eran personas de carne y hueso, tan víctimas como podía haberme sentido yo, con las mismas carencias no aprendidas, con la imposibilidad de dar lo que tampoco a ellos les dieron o no les enseñaron. El problema no era su voluntad sino su “posibilidad” o capacidad real para dar lo que yo demandaba, y sobre todo como otra de las claves, de la forma exacta que yo lo quería. Me costó mucho aceptar esto, perder a los que para un niño son sus “superheroes” es muy duro. Se me cayó el “mito”, la Esperanza infantil congelada en mi inconsciente se esfumó, pero a cambio fuí consciente de mi supina inmadurez enmascarada. Pasé mi duelo, asumí la responsabilidad que en realidad había estado evitando buscando culpables fuera, me puse a aprender lo que necesitaba que no me habían podido enseñar, y empecé a desarrollar el sentimiento de amor de la con-pasión hacía ellos cuando sentí su vulnerabilidad y los coloqué en su sitio como seres humanos. Sus carencias, lejos de ser mi castigo, se convirtieron en uno de mis mayores aprendizajes. Ahora sí que empezaba a “ser mayor”.

Sobre la pareja: Mi pareja principal se desarrolló dentro del anterior estado de “ceguera”, lo que significaba dar continuidad a los parámetros de “idealización” (pensamiento-emocional) que cubrirían la esperanza inconsciente que guardas en ese Corazón de niño, un anhelo infantil al fin y al cabo. Volví a esperar esperanzada creyendo encontrar el complemento a mis carencias, de nuevo fuera de mí (era lo que la Sociedad, el Sistema y las películas de Disney me habían enseñado). Era lógico teniendo en cuenta que yo aún no había asumido la responsabilidad sobre mí misma negandome a “ver” mi parte real. Por supuesto duró lo que duró la esperanza, y un tiempo después hasta donde duró la consistencia del “Programa” que te dice lo que es correcto y lo que no. Por primera vez me escuché, por primera vez sentí el suficiente amor por mí misma, por primera vez decidí salir del criterio general dándome cuenta del “modelo”, que no solo estaba repitiendo, sino que aún peor, estaba trasmitiendo a mis hijos. Fuí consciente de qué lo que mis hijos aprendieran sería lo que ellos vieran en nosotros. Reflexioné sobre qué enseñanza deseaba darles y elegí entre que aprendieran, a mantener una falsa relación confundiendo el verdadero Amor de pareja, a mirar para otro lado, a mentir, a no amarse, a no ser fieles a sí mismos…, o deseaba darles un modelo de todo lo contrario, coherencia, valentía, fidelidad a los propios sentimientos, fortaleza, responsabilidad, madurez…

Sobre los hijos: ¿Cómo iba a darles eso que necesitarían para su felicidad si yo no lo tenía o no lo practicaba? ¿Qué era lo que yo había aprendido equivocadamente sobre mis propios padres? ¿Qué estaba repitiendo de esas enseñanzas que no funcionaban? Me dí cuenta que el duro trance de llevar a cabo una separación no era nada comparado con el sentimiento de culpabilidad de saber que es lo mejor y no hacerlo,  o con la oportunidad de enseñarles a mis hijos a través de mis acciones la única herramienta que puede llevarnos a la PAZ con uno mismo, la VERDAD. Asumí de nuevo mi responsabilidad tanto de los errores pasados como de los futuros que por tales decisiones tuviera que asumir. Pasé de nuevo por otro triste y personal duelo, y después de algún tiempo me perdoné. Al cabo de los años, cuando estuve preparada, también pude pedir perdón y perdonar.
Mi sentimiento a día de hoy es de rotundo éxito y agradecimiento a la experiencia que compartí como otro de mis principales aprendizajes, individualmente, como madre, y como ejemplo de valentía y honestidad dentro de la pareja. La sabiduría adquirida en propia piel me permite hoy en día asesorar y mediar fluidamente sobre estos temas a otras parejas en crisis y/o en procesos de separación.

Sobre el dinero: Mi relación con el dinero era desastrosa, nuevamente desarrollaba un aprendizaje equivocado, o al menos poco funcional por el sentimiento de rechazo que me producía. Si rechazas el dinero, el dinero no vendrá. La realidad simplemente manifiesta tus sentimientos inconscientes. Puede que no se corresponda con lo que tu “crees pensar”, pero te aseguro que lo que no te llega es porque tu inconsciente lo está proyectando.
En mi caso, había asociado el dinero con la falta de amor, amor y dinero eran incompatibles, donde hay uno no puede existir el otro, algo así como “el dinero compra”, “si hay dinero, hay riesgo de que el amor sea comprado”, “recibir dinero es aceptar renunciar al amor o ser comprado”. Bueno, en realidad toda una erronea asociación realizada desde la interpetación de un niño. En mis demandas infantiles de determinadas formas de afecto eran respondidas en numerables ocasiones con dinero. Jamás un beso o un abrazo podrá sustituirse por un billete, siempre y cuando nuestro concepto del dinero sea cuántico. Si recibes un determinado valor material como cantidad específica y no como muestra de la única capacidad de agradecimiento o afecto posible para la otra persona, si eres tú el que cuantifica su amor y te enfocas en la percepción de un número o calificación por él, siempre te sentirás ofendido o incómodo, no habrá cantidad suficiente que se aproxime a tus sentimientos. En cambio, si entiendes que es “otra forma” de mostrar el amor cuando no se sabe, lo recibirás como deseo de equilibrar el tuyo al margen desvinculándolo del aspecto material. La única diferencia entre el amor y el dinero es la forma, la percepción o las inseguridades personales que despierta en cada uno. Cuando alguien que realmente te quiere o agradece lo que tú le das, que no dispone de la capacidad por falta de aprendizaje o falta de confianza para el caso de las relaciones puntuales como puedan ser las profesionales, disponemos de una herramienta material, útil y eficaz para quién lo recibe cuando es sincera y está entendida correctamente. Lo mismo ocurre en el sentido inverso, cuando somos nosotros los que damos o agradecemos a través de este recurso.  La vergüenza al dar o recibir es una deformación de la percepción de tu inconsciente.

Sobre el éxito: Sobre esto no creo que tenga que contar nada que nadie a estas alturas no se haya dado cuenta. Los modelos de sociedad materialista y perfeccionista “fabrican” una imagen ajustada a sus propios intereses.

Revisa tus creencias o sentimientos más profundos sobre ti mismo. sobre el mundo y sobre los demás. Localiza tus creencias, haz una lista, revisa sobre todo las heredadas (grabadas en tu mente por repetición) que no son tuyas. Reflexiona sobre la validez que han tenido cada una de ellas en tu vida, y con las que dudes experimenta por ti mismo para confirmar las que te sirven o eliminar las que supongan un freno para tu desarrollo personal. Muchas las podrás eliminar solo con prestarlas atención, sintiendo la limitación que producen al hacerlas conscientes.