Rabia o Depresión: Caras de la misma moneda

JusticiaSi nos hubieran informado correctamente (de forma no interesada), tendríamos una perspectiva completamente diferente a la idea negativa que tenemos sobre determinados estados físicos y mentales. Nos han enseñado a interpretar las alteraciones como “enfermedad” (víctima)  en vez de como “mensajes” (requerimiento activo) de nuestro sistema interno con la misma intención de siempre, generar inseguridad a través del miedo y crear más dependencias al consumo, garantizando así la perpetuidad del complejo entramado del Negocio de la Salud, las Drogas y el Alcohol. Que diferente sería que nos hubieran enseñado desde pequeños a descifrar correctamente el “lenguaje” de nuestro cuerpo desde una perspectiva constructiva como realmente es, en vez de fomentar enfermos o “consumistas” (materiales y de energía). Informarte de que no hay mejor especialista para el diagnostico y la sanación, mejor farmacia, ni mejor equipo de emergencia que tu propio sistema interno, no interesa. Saberlo, conocer su lenguaje para tomar las medias necesarias a tiempo nos libraría de entrar en estados crónicos mucho más complejos y difíciles de solucionar, perniciosos para nosotros mismos y nuestro entorno pero no imposibles de sanar si te informas bien y te responsabilizas de ponerle remedio.

Nuestro funcionamiento psíquico al igual que el físico está tan inteligentemente creado que dispone de un mecanismo de nivelado automático basado en la bipolaridad (balanza), que actúa incrementando el opuesto como medida de compensación si el otro extremo aumenta o pierde su peso. Este mecanismo funciona de igual manera a distintos niveles de profundidad y ejerce su efecto de dentro hacía fuera. El nivel emocional raiz, inicial o más profundo se encuentra en la polaridad Amor/Miedo, siendo la descompensación entre estos dos la causa origen que afectará sucesivamente al resto de polaridades emocionales que en escala ascienden hacia la superficie manifestándose a través de la conducta. Así podemos ver como muchas personas sienten la imperiosa necesidad de realizar “supuestas” obras de caridad o falso altruismo con extraños para compensar el miedo de enfrentarse a sus propias carencias, entregando un falso amor condicionado a la espera de ser devuelto en algún momento, perjudicando o siendo incluso verdaderamente egoistas con los más cercanos.

Todos, por trasmisión familiar y cultural cargamos inicialmente con una descompensación en la polaridad más profunda, que en su camino ascendente hacía la conducta, llega hasta al eje de manifestación rabia/tristeza. Ambas, aún siendo opuestas dentro de su correspondiente nivel, se originan en el mismo polo de nivel anterior, el Miedo. Si en su desarrollo de expresión natural alguna de las dos es reprimida, buscará la salida en su opuesta (a modo de vasos comunicantes) en un intento de liberar la carga por compensación, así la tristeza, es el mecanismo de defensa de la rabia contenida, y al contrario, la rabia es la expresión superficial de una tristeza oculta. El problema es que estas manifestaciones son “defensas” para compensar la presión interna, pero evidentemente no son la solución sino “salidas de emergencia” a la espera de tu intervención activa (gestión de emociones). Así pues, la sanación definitiva estaría en liberar precisamente la emoción opuesta a la visible, y NO en paralizar con sedantes el funcionamiento natural de nuestro sistema interno de defensas. Los fármacos bloquean, inmovilizan, silencian los mensajes que el cuerpo nos envía, impidiendo a tu cuerpo desarrollar sus propios mecanismos naturales de compensación, convirtiéndote en victima crónica (enfermo) o consumista de por vida, algo estupendo para Su “negocio” pero no para ti. Por lo tanto, para superar la tristeza hay que “masajear” la rabia que se oculta reprimida, y en las conductas opuestas de rabia, será necesario llegar hasta la profundidad de la pena, casi siempre la culpa, que está maltratando tu alma.

Cuando las emociones que provienen de la polaridad del miedo no se atienden convenientemente desde su raiz entendiéndose como señales y no como enfermedad, pueden quedar encapsuladas y perder el contacto (esta es la acción de los sedantes químicos) con la opuesta como mecanismo de liberación, pasando de ser puntuales avisos emocionales a estados ánimicos permanentes. Así la rabia congelada puede instalarse en la conducta como depresión crónica, y la tristeza bajo la forma de personalidad agresiva. A continuación y como solución normalizada socialmente se producen las dependencias de todo tipo, “enganches” a personas o sustancias (alcohol y drogas) que nivelen o nos hagan ¿¿olvidar?? el desquilibrio interior que sentimos, algo que solo podemos solucionar nosotros y que sin embargo trasladamos a la responsabilidad de otros, convirtiendonos en víctimas, chantajeadores emocionales, e insufribles personas que se alimentan de la energía de los demás arruinando su vida y la de los que les rodean.

Atención a esas personas que se han acostumbrado a etiquetarse a sí mismas de “lloronas” o por el contrario a las del llamado “mal caracter”, que observen con detenimiento y profundicen cada vez que se menifiesten. Haced la prueba de aprovechar el momento de acceso de esa emoción para llorar o enfadarse con toda intensidad y vereis que empieces por la que empieces detrás de la una vendrá la contraria, porque ambas proceden del mismo origen, el exceso de miedo por carencia de Amor (incondicional).

Déjalas salir en el lugar adecuado, no reprimas, busca el sitio, des-comprime tu miedo, hazle frente.